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Falta de parámetros

jueves 26 de junio de 2008
La era de Acuario debiera ocurrir, según todos los cálcuos "científicos" y "teológicos" (en base a los) mayas y aztecas, egipcios y griegos y cristianos y paganos (válido por otros muchos más), en el 2050.

Independiente a eso, nos encontramos ante una encrucijada: los niños índigo, los niños cristal, los niños diamamante, los niños etcétera. Son nuevas generaciones, libres, únicas, independientes. Más allá del pensamiento científico (simplista) o el pensamiento complejo (totalista/unitario), estos niños/jóvenes/etc. son capaces de ver más allá, más allá de nuestros propios patrones, visiones, conceptos de la realidad, negaciones de la verdad. ¿Es esto correcto? Es imposible saberlo. No hay forma, no existe el método.

¿Qué nos queda? Saber que no somos el fin de los tiempos. Somos x+1, no somos el fin sino el proceso. Yo no soy índigo, tú tampoco. Y, aún así, existen e influyen en lo que existe.

¿Debemos negarlos y plantear el imperio de la ciencia? ¿O proponer otras altetnativas, alternativas místicas, religiosas, científicas primitivas? ¿Por qué no? ¿Por qué sí?

Olvidemos toda las propuestas. Al final no queda nada, solo el anhelo de soñar de verte a vos, y saber cómo hacer para quedarme siempre allí, no despertarme más. La verdad nunca ha tenido nada que ver con la verdad, (ni con la mentira tampoco, ya que estamos en eso).

Religión, ciencia, modernidad, postmodernidad. Son etapas de nuestra época. La mente funciona a su edad: creemos lo que creemos por la época en que nacimos. Si nacimos en otra época, creemos ideas diferentes. Y esto va más allá de la ciencia, de la filosofía. O de la mística, de la astrología. Punto.

No quiero decir que el conocimiento es imposible. Ello sería hipocresía. Lo mismo lo contrario. ¿Qué nos queda? Yo.

yo puedo solo confiar en mi y nadie más. No puedo estar seguro que alguien más sepa lo que yo sé, y viceversa- Y el yo, es, al final, ilusión.

Soy un hombre enfermo, veo cosas que nadie ve, y oigo cosas que nadie oye. Y, otros ven cosas que yo no veo y oyen cosas que yo no oigo. No nos queda más que la percepción. O la intuición, O la lógica. O la ilógica. U otro.

No quiero plantear, quiero preguntar. Solo quiero que recuerden que son hijos de su época, y que lo que piensan es su época, es su mundo, es su realidad. Nadie ha dicho que la realidad actual sea la verdadera. solo que somos nuestra era. Y si no fuéramos nuestra era, seríamos otra.

Esta historia no tien fin. O quizás sí.
No les propongo nada. Esta columna no tiene absolutamente ninguna validez.

Breve interludio

viernes 23 de mayo de 2008

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Orígenes de las costumbres

miércoles 14 de mayo de 2008
Agarré la costumbre de leer en voz alta de cuando acompañaba al viejo Elías, que ya estaba ciego y no tenía otra persona que le hiciera el favor. A veces también escribía por él. El vetusto usaba palabras tan complicadas y tenía tan poca paciencia, que si se me ocurría preguntarle cómo se deletreaba sesquipedalia, me pedía amablemente que le acercara el cuarto tomo de la edición de lujo del Ingenioso Quijote (836 páginas) y me lo lanzaba a la cabeza con puntería sonar.

El viejo Elías murió en su ley: atravesado por la espada de otro de esos viejos que ya no existen, lo suficientemente tercos como para aceptar un duelo en pleno final de siglo XX. Yo fui testigo de ese enfrentamiento y creo que en mi vida he visto escena más inútil y patética.

Ojalá yo muera de la misma forma.



Walter Potter, The death

Anatomía (estudio sobre paralelismos)

lunes 5 de mayo de 2008
En el departamento de arriba, él lee un libro de Perec, acostado y con una luz parpadeante, mientras espera que ella llegue tarde o temprano. Antes de dormir sale al pasillo a fumarse un cigarro, y piensa en pasar a saludar al vecino.

En el departamento de abajo, ella está teniendo sexo con el vecino, albino flacuchento con un bigote a lo Dalí, sin gracia ni garbo. Mientras la penetran y despenetran armónicamente, ella tiene la fantasía de que llega su esposo de imprevisto y los mata a los dos con ese maldito libro de Perec que él nunca terminará de leer.



M. C. Escher, Belvedere

Historia de Rogelio Arenas

martes 29 de abril de 2008
Rogelio Arenas despertó esa mañana cayendo libremente hacia la Tierra, a toda velocidad y sin paracaídas. En un traje gris típico de martes en la oficina, Arenas se puso a gritar y llorar desconsolado frente a la visión de una dolorosa e inevitable muerte, mientras descendía como un pesado meteoro. Ningún ridículo esfuerzo por salvarse pudo remediarlo.

Hasta que, casi como de la nada, tuvo una súbita intuición: la verdad era que no solo no se llamaba Rogelio Arenas, sino que ni siquiera era un homo sapiens en el sentido estricto del término. Por el contrario, se trataba de un diomedea epomophora, o albatros real, blanca ave con extraordinaria capacidad de vuelo.

Habiendo descubierto esto, el albatros abrió sus enormes alas y comenzó a planear delicadamente por sobre los calmos océanos del mundo, sacudiéndose con un veloz movimiento de cabeza aquella rara idea que tuvo por un instante.

Otras versiones de esta historia cuentan que Rogelio Arenas cayó irremediabemente a tierra, y su cuerpo estalló en una amorfa masa de tripas y huesos, con solo su corbata para reconocerlo. Una menos popular variación explica que en realidad Rogelio Arenas no era un albatros sino una gallina que se creía albatros, y por más que intentó volar con sus pequeñas alas, el esfuerzo fue en vano y no pudo salvarse de tan terrible sentencia.



Charles Paul Landon, Ícaro y Dédalo

Los mutilados

domingo 27 de abril de 2008
Hay víctimas inocentes de mutilaciones en todas partes del mundo. Yo nunca he conocido a ninguna de ellas, pero me imagino que debe haber. Cuando veo la Venus de Milo (o Afrodita, me parece que se llama en realidad) en una fotografía, pienso que el mundo entero está lleno de mutilados, con un pie menos, una nariz, un brazo, un bazo, los dos brazos, un ojo, una oreja, una uña, un diente, un pulmón, un órgano reproductor, el oído interno u otras tantas partes al menos vitalmente prescindibles. Compran comida, caminan por calles, hablan de temas banales e importantes, visten a la moda, escuchan a Los Beatles y votan por su candidato. Más de alguno debe tener un blog, donde escriben sobre su mutilación, o no necesariamente, quizás cuenten otras cosas de sus vidas. Tal vez un diario mural, o un cuaderno.

No sé, pienso sobre esas cosas.



Jan Sanders van Hemessen, The stone cutter

Las hordas

miércoles 23 de abril de 2008
Tenemos cierta gente sujeta a nosotros, que se alimentan de la carne de hombres y animales nacidos prematuramente, y nunca temen a la muerte. Cuando una de estas personas muere, sus amigos y parientes se lo comen vorazmente, pues consideran su mayor deber mascar carne humana. Sus nombres son Gog, Magog, Anie, Agit, Azenach, Fommeperi, Befari, Conei-Samante, Agrimandri, Vintefolei, Casbei y Alanei. Estas y similares naciones fueron atrapadas tras altas montañas por Alejandro el Grande, hacia el norte. Las dirigimos a nuestro antojo contra los ejércitos enemigos, y ni los hombres ni las bestias quedan sin ser devoradas, si su Majestad así lo permite. Y cuando todos nuestros enemigos desaparecen hasta los huesos, regresamos estas hordas nuevamente a casa.

Carta del Preste Juan al Emperador bizantino Manuel I Comneno



William Blake, Nabucodonosor

Perfil

Nombre: el Saboteador Sede: Valparaíso, Chile
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