And now, a poem, by Lieutenant-Colonel Sir John Miller

Oh, qué noches más solitarias!
Cubierto de queso y la sangre de los rebeldes
en esta estrellada noche sierraleonesa.
Mi cuerpo clama por su cuerpo, amada Reina,
por entre los hipopótamos pigmeos
y los huesos del Homo ergaster. A veces las constelaciones
me hablan de un futuro, de televisores y automóviles,
cuando nuestros hermosos corceles ya no serán necesarios.
Yo tampoco, aunque esta visión me tiene sin cuidado, pues Usted, milady,
se verá tan distinguida como siempre en la
neblina londinense.

Le confieso, si lo que queda de este whisky me permite, que tuve sexo
con uno de sus caballos.
Estaba solo y Usted ocupada en banquetes de diamante.
Sabe La Reina de mi enfermedad,
por lo que espero no tarde en perdonarme.

Estoy borracho,
odio África,
con estos animales indisciplinados y las bestias salvajes.
Quisiera volver a verla, mi Reina,
pero está tan lejos…
……….con océanos que nos separan,
……….un mundo inmenso
……….la Civilización Moderna entre nosotros
……….¿Cómo podemos luchar contra ella?

Entiendo las razones, Su Alteza,
para enviarme a esta tierra olvidada;
no quiero que piense,
que estoy resentido.
Pero no puedo evitar enviarle las cadenas de mi melancolía,
junto a este poema no revisado, poema borracho
con licor sierraleonés.

Que su Reino dure mil años!,
Reina de mis amores.

Queme esta carta sin leerla.



V. C. Scott O'Connor, Jorge V de cacería en Nepal