La resistencia
Todos desaparecieron. En una espesa neblina. Solo quedamos tres de nosotros, mirándonos, preguntándonos qué vendría después.
Y después, vinieron, tal como no lo sospechamos, unas criaturas gigantescas, del porte de edificios, corriendo directamente hacia nosotros. Parecían elefantes monstruosos, lisos como si fueran de plástico, y pesados como plomo. Ella hizo una seña, que no entendí hasta que él salió corriendo hasta desaparecer: desplegarse. Me alejé lo más que pude, como una vil rata, y comprendí que fui cobarde como jamás había sido. Ahí como un corte profundo saltó a mi memoria aquel momento patético en que estábamos sentados en una banca, ahogados en silencio, y no me atreví a decirle todo lo que quería decirle, mientras el viento soplaba hirviente. Los gritos llenaban todo, el polvo olía a sangre, y no podía dejar de pensar en ella, tan simples palabras que nunca dije. Movimiento de cabeza, un retortijón cerebral, una llamarada seca, otros recuerdos cualquiera que me llevaran a otra parte, o a ninguna. Solo cuando tres dedos tocaron mi cara sentí la sangre corriéndome por la mejilla.
- ¿Estás bien?
- Sí -“un segundo, reagrupemos…”- ¿Qué hacemos?
- No sé… no sé qué hacer…
No podría contar lo triste que la vi, cansada, sin respuestas, completamente vencida por una situación imposible. Me recordó a
- Hay que salir de aquí -le grité entre la bulla inaudible. No sé cuántos segundos esperó, quizás siete, pero me miró e hizo un gesto cinematográfico: “Da la señal…”. Y la vi morir un poco frente a mis dos ojos.
Otro sector perdido, estábamos cada vez más lejos. Nadie creía que hubiese forma posible de seguir resistiendo. Pero ahí estábamos, qué más podíamos hacer.
1 comentario(s):
No se ha comprobado la autenticidad de esta foto.
Tampoco de la revolución.
Publicar un comentario en la entrada