La resistencia

Todos desaparecieron. En una espesa neblina. Solo quedamos tres de nosotros, mirándonos, preguntándonos qué vendría después.

Y después, vinieron, tal como no lo sospechamos, unas criaturas gigantescas, del porte de edificios, corriendo directamente hacia nosotros. Parecían elefantes monstruosos, lisos como si fueran de plástico, y pesados como plomo. Ella hizo una seña, que no entendí hasta que él salió corriendo hasta desaparecer: desplegarse. Me alejé lo más que pude, como una vil rata, y comprendí que fui cobarde como jamás había sido. Ahí como un corte profundo saltó a mi memoria aquel momento patético en que estábamos sentados en una banca, ahogados en silencio, y no me atreví a decirle todo lo que quería decirle, mientras el viento soplaba hirviente. Los gritos llenaban todo, el polvo olía a sangre, y no podía dejar de pensar en ella, tan simples palabras que nunca dije. Movimiento de cabeza, un retortijón cerebral, una llamarada seca, otros recuerdos cualquiera que me llevaran a otra parte, o a ninguna. Solo cuando tres dedos tocaron mi cara sentí la sangre corriéndome por la mejilla.

- ¿Estás bien?
- Sí -“un segundo, reagrupemos…”- ¿Qué hacemos?
- No sé… no sé qué hacer…

No podría contar lo triste que la vi, cansada, sin respuestas, completamente vencida por una situación imposible. Me recordó a

- Hay que salir de aquí -le grité entre la bulla inaudible. No sé cuántos segundos esperó, quizás siete, pero me miró e hizo un gesto cinematográfico: “Da la señal…”. Y la vi morir un poco frente a mis dos ojos.

Otro sector perdido, estábamos cada vez más lejos. Nadie creía que hubiese forma posible de seguir resistiendo. Pero ahí estábamos, qué más podíamos hacer.


Robert Capa, Loyalist Militiaman at the Moment of Death

1 comentario(s):

Hugo dijo...

No se ha comprobado la autenticidad de esta foto.
Tampoco de la revolución.