Orígenes de las costumbres
Agarré la costumbre de leer en voz alta de cuando acompañaba al viejo Elías, que ya estaba ciego y no tenía otra persona que le hiciera el favor. A veces también escribía por él. El vetusto usaba palabras tan complicadas y tenía tan poca paciencia, que si se me ocurría preguntarle cómo se deletreaba sesquipedalia, me pedía amablemente que le acercara el cuarto tomo de la edición de lujo del Ingenioso Quijote (836 páginas) y me lo lanzaba a la cabeza con puntería sonar.
El viejo Elías murió en su ley: atravesado por la espada de otro de esos viejos que ya no existen, lo suficientemente tercos como para aceptar un duelo en pleno final de siglo XX. Yo fui testigo de ese enfrentamiento y creo que en mi vida he visto escena más inútil y patética.
Ojalá yo muera de la misma forma.
Anatomía (estudio sobre paralelismos)
En el departamento de arriba, él lee un libro de Perec, acostado y con una luz parpadeante, mientras espera que ella llegue tarde o temprano. Antes de dormir sale al pasillo a fumarse un cigarro, y piensa en pasar a saludar al vecino.
En el departamento de abajo, ella está teniendo sexo con el vecino, albino flacuchento con un bigote a lo Dalí, sin gracia ni garbo. Mientras la penetran y despenetran armónicamente, ella tiene la fantasía de que llega su esposo de imprevisto y los mata a los dos con ese maldito libro de Perec que él nunca terminará de leer.