Destino de los tautalistas
Alejandro Boris es el último miembro vivo de los tautalistas, grupo de poetas, pintores, dramaturgos, novelistas y músicos que tuvo su momento de mayor fulgeción artística en el Valparaíso de finales de los '50. Influidos por las ideas de Malevich, Fermi, Oppenheimer, y el manifiesto futurista, los tautalistas se interesaron en la maldad matemática del ser humano y la doctrina del probabilismo (aunque invirtiendo sus supuestos), y debido a ello se negaron a hacer obra de arte alguna que pudiera ser contabilizada por estadísticas o permitiera indirectamente iniciar una proporcionalidad numérica.
Los tautalistas nunca lograron el éxito de la crítica o el público, y tras la muerte de algunos de sus miembros (Eugenio Rojas, sobre todo, pero también Roberto Arenas), la partida de otros por diferencias con Rojas y Boris, y la llegada de los beatnicks y los hippies, el grupo se desarmó en 1959, cayendo en el olvido de los antologadores, historiadores y cronistas.
Actualmente, Alejandro Boris vive en el cerro Alegre, y le abre la puerta a muy pocos golpes. Su único libro, “La morada” (1957), es imposible encontrarlo en librerías o bibliotecas. De las 100 copias que se imprimieron, él ha logrado recuperar ochenta y seis. «Una se quemó», cuenta, «en La Moneda, en septiembre de 1973. (Nicanor) Parra tiene otra, que no me ha querido devolver; Neruda tenía una, pero no sé qué le pasó. Estoy esperando que algún día, cuando todas las copias existentes vuelvan a mi, las queme en el patio y haga una fiesta».
Le pregunté a Boris si me dejaría citar algún fragmento del libro, y él me permitió copiar una de las mejores frases de esta gran obra olvidada:
«[…] se quedaron en silencio, observando al profeta. Abril pensó en llorar, pero olvidó cómo hacerlo. Caminaron de vuelta a la morada.»








