La máquina
Llevaba semanas sin bañarse. Llevaba meses sin salir de su casa derruida, de paredes decoloradas por la humedad y el fuego. Dibuja algunas ideas, pero nada es bueno. Come de las malezas de la cocina, y se corta las uñas una vez al mes para facilitar el trabajo. Piensa en suicidarse, cada cierto tiempo, pero le parece un esfuerzo poco eficiente. Prefiere trabajar, experimentar mezclas, dar martillazos, pulir las superficies, quemar los circuitos, escribir y luego revisar la bitácora. Se convence de que todo vale la pena, que la victoria justifica el gasto. Está equivocado, la máquina del tiempo nunca será terminada y Eustaquio muere aplastado por la enorme pila de tablas y diarios podridos.
Los vecinos entraron a la casa cuatro semanas después, indignados por el inusualmente fuerte olor, y encontraron el cuerpo medio descompuesto y masticado por las gordas ratas. Entre las decenas de curiosos estaba un joven Eustaquio, que observaba maravillado tan interesante y llamativo escenario.
0 comentario(s):
Publicar un comentario en la entrada