Las maravillas y peligros de dormir cinco minutos más
Se ha dicho que los hombres andan por la vida midiendo cosas, pesando, comparando y llevando las mediciones hasta sus límites, sus puntos de quiebre, orque son cazadores frustrados y evolucionados. No lo sé, quizás. Sí sé que, aunque nunca he sido un gran atleta, sí hay deporte que llevo practicando ya varios años: como el Maratón, no es tan competitivo, sino de superación de mis propios límites, y la obtención de un grado sublime de conciencia, en base al conocimiento y la meditación.
Se trata, sin más preámbulos, de Llegar temprano a clases. Puede parecer ordinario, y para el inexperto lo es, pero tal como la ceremonia del té y la recitación del rosario, se requiere de una gran concentración y disciplina para alcanzar la perfección en su ejecución, y convertirlo así en una obra de arte de la técnica y el autocontrol.
La primera parte de este triatlón consiste en levantarse cada mañana. Este paso es fundamental, pues no solo es el requisito básico para poder realizar las demás, sino que la manera en cómo sea realizado va a influir en todo el resto. Un novato más interesado en llegar a la meta que en probarse a sí mismo, se levantaría a la hora precisa cosa de dormir lo más posible sin tener que apresurar los otros pasos. A los expertos, por el contrario, nos atrae la emoción de dejar correr el reloj lo más posible sin salir de la cama, hasta que sea absolutamente imperioso para intentar de hecho llegar a tiempo.
Por ejemplo, si para llegar a las 8:00 am a la Universidad, deberíamos levantarnos a las 6:30, los maestro nos levantamos a las 6:45 am, a las 7:00 am, e incluso los más osados a las 7:15 am, considerando que el viaje tarde media hora. Es una prueba de valor, de resistencia psicológica al stress y la desidia, que puede llevar a dolorosos accidentes, como no ser capaz de llegar a tu clase, o de plano quedarte dormido y no levantarse hasta la tarde. No es fácil, y aún los más experimentados hemos pasados los límites y terminado despertándonos varias hora después de la finalización de la prueba.
El segundo paso es prepararse para salir. Aquí no hay consenso sobre la metodología a seguir y el orden de los componentes: bañarse, vestirse, desayunar, lavarse los dientes, etc. La Academia suele recomendar que el baño venga antes del vestido, pero se han visto partidas en las que los jugadores no se bañan, o no desayunan, o incluso salen a medio piyama. Todo depende de las características del jugador y cómo haya pasado la prueba de levantarse. Personalmente, yo no puedo salir sin bañarme, pero soy capaz de sacrificar el desayuno por recuperar preciosos segundos perdidos. Otros quizás no se bañen, pero tienen que desayunar para soportar el resto de la competencia.
La última prueba es tal vez la más emocionante del triatlón, y consiste en la transportación para llegar a destino. Dependiendo del punto de origen y el trayecto, el medio puede variar: en bicicleta, a pie, en microbús, en taxi, en metro, en barco, en avión, etc. Además, para agregar dificultad, se debe considerar el poder adquisitivo del deportista y los tiempos que haya perdido o ganado durante las etapas anteriores. Todos los estudiosos coinciden que esta prueba es en la mayoría de los casos de tipo puramente decisional, aunque en aquellos medios que impliquen tracción humana (corriendo, bicicleta, skate, etc.), la fuerza física puede o no considerarse un factor determinante.
Mucho tiene que ver con los datos que hemos recopilado con anterioridad: en mi caso, debido a la distancia del objetivo (la Universidad) me es imposible recurrir a medios de tracción humana, y así mis alternativas se reducen considerablemente. Cuando tengo buen tiempo, recurro generalmente al microbús, que tarda 30 minutos, pero en casos de extrema urgencia o de tiempo precario, puedo llegar a tomar colectivo, que demora 15. El azar suele jugar parte también en esto, pues puede ocurrir que la micro se quede pegada en Libertad, o que todos los colectivos pasen llenos, o que los conductores anden acelerados, etc.
No podemos dejar de notar que este normalmente sano deporte puede traer consigo riesgos: la adicción al peligro (también llamada dopping de flojera o megalomanía de última hora) ha cobrado gran cantidad de víctimas fatales. ¿En qué consiste esta lamentable drogadicción? En que los deportistas, hambrientos por la adrenalina y los segundos extras de sueño, dejan avanzar el reloj más y más hasta llegar a niveles enfermizos, que causan estragos en la etapa de transportación. Sabiendo que cuento con algo de dinero, me dejo llevar por Morfeo hasta que la única salida es tomar el colectivo, gastando más para poder llegar a la maldita prueba de Formulación de Proyectos. Este es el primer paso de la adicción.
La pregunta que éstos deportistas se hacen es: ¿Cuál es el límite?
Porque para dormir un poco más, voy a tener en el futuro que tomar un taxi, extremadamente más caro, o comprar los cuatro asientos del colectivo. ¿Y si duermo más? Voy a tener que conseguirme un helicóptero, que según he averiguado me dejaría en la Escuela en 8 minutos. Pero ya me hice adicto a la adrenalina, y solo puedo dormir más si me lanzo en cohete dirigido, con un tiempo de 30 segundos. Después de eso, solo me queda inventar la teletransportación, que me permitiría dormir hasta las 7:45 (porque hay que tomar en cuenta el baño). pero para poder superar esa marca, tendría que jugar con la materia misma del Universo, el continuum espacio-tiempo, y construir una máquina que me permita levantarme a las 2 de la tarde y viajar al pasado para llegar preciso a la Escuela.
Ya que he roto la barreras de la física, nada me prohíbe dejarme estar por días, meses, incluso años antes de volver al pasado y llegar puntualmente a clases. ¿Dé dónde saco mi adrenalina, entonces? Pues, obviamente, de lograr alcanzar la inmortalidad, y vivir durante milenios y milenios, ver caer civilizaciones y surgir imperios, observar con mis propios ojos la formación de montañas y océanos, presenciar la extinción de mi propia especie y convivir con las nuevas formas de inteligencia que habiten este planeta. Y luego, cuando me haya aburrido, viajar al pasado y sentarme en mi silla a hacer la prueba de Formulación. Este es el peligro que todo entusiasta del deporte de Llegar temprano a clases enfrenta en su día a día. Y ni siquiera somos capaces de concebir hasta dónde los Gran Maestros del Deporte Flojo nos llevarán después.
Pero, hasta entonces, habremos de conformarnos con llegar un par de minutos tarde...

6 comentario(s):
Es una adiccion dificil de controlar
A esta altura no queda mas que disfrutarla porque queda poco
A menos que sea llevada al ambito laboral que eventaulemnet podria traer sensaciones insospechadas
Habra que probar
Suelo levantarme media hora antes de que empiecen las clases. O sea, debo conducir para llegar a tiempo, porque así me demoro en traslado unos quince minutos y tengo otros quince para bañarme, desayunar y vestirme. Todo ello me demora una media hora, por lo cual llego atrasado. El problema, como dices, es que soy muy osado: no me levanto de la cama a menos que si no lo hago en treinta segundos ya no llegué a clases.
Pero lo estoy superando. Lo mejor es levantrse de una y meterse a la ducha de inmediato.
Como anécdota: metí una pata en la ducha una vez y me arrepentí, me coloqué el pijama y me acosté nuevamente. O sea, la flojera es infalible.
Espero ansioso la siguente jugada, maestro.
Qué bueno po doctor
De todas maneras no le reclamaría nunca un comentario, sólo que siga escribiendo para poder leer su literatura experimental en forma gratuita antes que lleguen los cazatalentos y cobren por caracteres, inter.espacios y colores de fuente.
Ya no me alcanzaría
Sigo pensando en el wiskacho
y esperando el momento propicio
sabiendo que llegará pronto
Qué difícil es despertarte, hombre. Ojalá que sigas confabulado con los dioses para salvarte de todo.
Un beso
Recuerdo la vez que adelanté por primera vez mi reloj. 3 minutos. Siempre. Para colocarme esa barrera sicológica de estar llegando tarde a todas partes. Una locura.
Después llegaron las vacaciones y volví a la normalidad. El tiempo no importa, lo cual es lejos mi estado natural. Pero luego al volver me acostumbré a los 3, así que decidí aumentar a 5.
Ha sido uno de los peores errores cometidos, ya que no solo me acostumbro y me obligo mentalmente a salir más tarde, sino que cada vez que me preguntan la hora tengo que restarle 5 minutos. Y 42-5 no es una resta que me guste hacer.
Le pregunté el otro día a Sergio si alcanzabamos a escribir el material antes de 1 hora y media. Me dijo "Alcanzamos justo"
"Alcanzaremos justo si nos dan dos horas también -continuó diciendo-. Y si nos dan una hora también lo terminamos en los últimos cinco minutos. Es la actitud de la inmortalidad"
Final de temporada en el cementerio. Saludos.
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